Despiden al colombiano “más simpático del mundo”

Despiden al colombiano “más simpático del mundo”

CULTURA • 23 SEPTIEMBRE 2013 - 11:31PM — JESÚS ALEJO SANTIAGO Se esperaba a Gabriel García Márquez, pero no pudo llegar; sólo asistió su esposa, Mercedes Barcha.

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México • Los hermanos Álvaro y Leopoldo Mutis hicieron un pacto para el momento de la muerte: sus restos serían cremados y las cenizas se esparcirían en el río de su infancia, allá en Colombia. Leopoldo fue el primero en morir, y el escritor se dio a la tarea de cumplir con aquella promesa: aún no se sabe qué va a suceder con las cenizas de Maqroll el Gaviero, faltaba la presencia de los hijos para tomar la decisión, pero ahí está una posibilidad.

“Siempre habíamos dicho que al morir queríamos ser incinerados y que nuestras cenizas se echaran al río Coello. En un acto muy sencillo —casi diría yo un ritual íntimo— vi cómo regresaba Leopoldo a esa tierra donde quedaron asentadas las bases de una complicidad que nos mantuvo unidos hasta el último segundo de su vida. Allí estuve con mi hijo Santiago, y le expliqué lo que tiene que hacer con mis cenizas el día que me vaya de este mundo”, aseguró en algún momento el escritor de origen colombiano.
Su partida se dio la tarde del domingo, pero fue hasta el lunes que comenzó su despedida: alrededor de las 11:20 de la mañana su cuerpo arribó a la sala 6 de la agencia García López de San Jerónimo, donde estaban unos cuantos amigos a la espera de su llegada, pero en especial su viuda, Carmen, quien prácticamente jamás se separó del féretro, mucho menos cuando llegó al lugar Mercedes Barcha, la esposa de Gabriel García Márquez, y sobre todo una de sus amigas más entrañables.
Se esperaba la asistencia del premio Nobel de Literatura, mas no se concretó, decían que por estar muy afectado ante la noticia: aunque sí llegaron otros autores, como Juan Villoro, Adolfo Castañón, Héctor Aguilar Camín, Jorge F. Hernández, Ángeles Mastretta, Pura López Colomé, Ana María Jaramillo, José María Espinasa o el violonchelista Carlos Prieto, y funcionarios como el director del Fondo de Cultura Económica, José Carreño Carlón, y Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), quien destacó que con la muerte de Álvaro Mutis, se iba “uno de los grandes autores en nuestra lengua.
“Mutis tuvo una cercanía muy grande con la vida cultural mexicana, sin embargo, él fue muy discreto en su vida personal, se dedicó a escribir su novela, a escribir su poesía y a leer; era un hombre extremadamente curioso, lleno de intereses en historia, en música: fue uno de los últimos escritores de formación global amplia, que lo mismo platicaba de Bizancio, del imperio romano, de la revolución francesa, de Napoleón o de la realidad actual latinoamericana.”
El funcionario federal anunció que se organizaría un homenaje al autor de Un bel morir, pero la fecha y el lugar dependerán de la familia del escritor.
Nostalgia por Maqroll
La sala donde se veló a Álvaro Mutis lucía sobria, con unos cuantos arreglos florales, sobre todo de instituciones culturales mexicanas y de algunas personalidades, como la de Carmen Balcells; afuera, el movimiento de los representantes de medios de comunicación, atentos a los automóviles que pasaban directamente hacia el estacionamiento, sin detenerse, a ver quién iba en el asiento del piloto o del copiloto.
Algunos llegaron más bien en transporte público, como Juan Villoro, quien evoca a Álvaro Mutis como una presencia constante desde su infancia, sobre todo por haber sido la voz del narrador de la serie de Los intocables, “una extraordinaria e inolvidable voz que tuvo para trabajar en la televisión, luego recitar su poesía y también para contar historias: García Márquez lo describió como el colombiano más simpático del mundo”.
“Mutis tuvo una vida muy cumplida, con la que hizo muy felices a otros”, decía Ángeles Mastretta; para Héctor Aguilar Camín, el mundo era mejor ayer que hoy, por la muerte de Mutis, “un gran maestro de las letras y un gran maestro de la vida”.
Alrededor de las 18:00 horas, el cuerpo de Álvaro Mutis fue cremado en la misma agencia funeraria. El destino de sus cenizas no está concretado, pero ya hay un adelanto de lo que podría suceder.

***

Defensor de causas sociales
Álvaro Mutis tenía 90 años, estaba enfermo, veía poco a la gente, porque no le gustaba el deterioro que produce la edad, pero había cosas que no dejaba de hacer ni en las condiciones más difíciles, como impulsar la Casa Refugio Citlaltépetl, de la que era presidente de su consejo consultivo.
Incluso, Philippe Olle-Laprune y Juan Villoro tenían en agenda una visita a la casa del escritor colombiano para hoy, “pero ya habrá oportunidad para un whisky en otra parte”, en palabras del mexicano.
Colombianos radicados en México, como Ana María Jaramillo o Gabriel Rey, ya empiezan a extrañarlo cuando no acaba de irse, porque siempre fue un cómplice al momento de difundir la cultura de aquel país, “un hombre que dignifica a Colombia y en las épocas más difíciles mostraba, a través de su poesía y de sus narraciones, la parte hermosa de Colombia”.
Cortesía de Milenio.com8b4e2c72d2825038cc8a02d212da9f7a_int470

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