El Estado soy yo (segundo sexenio)

El Estado soy yo (segundo sexenio)

Por Arturo Soto Munguía (ElZancudo.com.mx)

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Lo sucedido ayer en el Congreso del Estado es un buen indicador para calibrar la severa crisis interna que vulnera al otrora compacto grupo del padrecismo.
Ya para que el coordinador parlamentario del PAN, Javier Neblina Vega acepte que el secretario de Hacienda, Carlos Villalobos Organista se equivocó al ningunear a los diputados -obviamente, él se sintió incluido-, al declarar que los legisladores “no son nadie” para opinar sobre la cuenta pública del gobierno del estado, es que las cosas andan muy mal.
Al señor Villalobos Organista lo menos que le dijeron en la sesión de ayer en el Congreso, fue “burro”. Pero además lo citaron a comparecer para que explique no sólo lo que quiso decir con esa despectiva alusión a los diputados, sino para que aclare el estado que guardan las finanzas públicas.
Personalmente, creo que los diputados se equivocan al considerar que el secretario de Hacienda desconoce la Constitución y no sabe que los diputados sí tienen facultades para calificar la cuenta pública.
Un hombre con la experiencia del señor Villalobos sabe, con toda seguridad, la letra del artículo 42 de la Constitución donde se establecen las facultades del Poder Legislativo.
Ese no es el problema. El problema es mucho más grave. Tiene que ver con la visión autócrata, dictatorial; con esa idea tan arraigada en el grupo compacto del padrecismo según la cual “aquí nomás mis pinches chicharrones truenan”.
¿Para qué sirve el Poder Legislativo y el Poder Judicial? Para ser accesorios ornamentales del Poder Ejecutivo; vasallos a sueldo, empleados bien pagados y por lo tanto incondicionales y tirados al piso. Esa es la verdadera idea que permea en el primer círculo del gobernador Guillermo Padrés, lamentablemente.
Que nadie se asuste por las declaraciones del señor Villalobos Organista. Lo único que hizo es traducir a un lenguaje que todos entendemos, las pirotecnias retóricas con las que se ha construido un paraíso inexistente a partir de seis estrellitas que simbolizan, a saber, un gobierno humano, ciudadano, equitativo, sensible, democrático e institucional.
No me cabe duda alguna de que Guillermo Padrés, Villalobos Organista y sus principales colaboradores, están convencidos de que el ejercicio de su gobierno se mueve a partir de esas premisas.
No me cabe duda alguna, tampoco, de que eso no es cierto. Las mediciones y sondeos de opinión que ellos mismos tienen en sus manos hablan de que son el gobierno peor calificado en la historia de Sonora.
Pero el fundamentalismo no admite vacilaciones. Si las estrellitas dicen que así es, así es. Y si alguien dice lo contrario, aquí está un Agente del Ministerio Público para que presente su demanda.
A huevo. Si alguien piensa que hay mal uso de los recursos públicos, se equivoca porque aquí hay también una contralora ciudadana y ella se encarga de fiscalizar y dictaminar que no es cierto y que todo el dinero público se ha ejercido pulcra y transparentemente.
El problema es que esa burbuja de realidad virtual se ha roto. El gobierno ha abierto tantos frentes, en tantos lados, que ya le es insostenible mantenerse a base de mentiras recicladas. Llegar al punto en que un secretario de Hacienda escupa sobre la dignidad de los diputados -y ahí se incluye a los de su propio partido-, provocó reacciones, claro.
Mesuradas entre los del PAN, pero virulentas entre los de la oposición. “Los diputados no son nadie”, dijo el señor Villalobos Organista. Y con eso resumió lo que el gobernador realmente piensa acerca de lo que debe ser su ejercicio de gobierno. Uno en el que no exista más ley que la suya, más poder que el suyo, más discrecionalidad que la suya.
¿Los diputados? Los diputados valen madre. ¿Que son otro poder de Estado? Me cago en el Estado. El Estado soy yo.
Después de un episodio lamentable como fue el Grito de Independencia 2013, cuando el gobernador tuvo que ser aislado, encapsulado, protegido por el más costoso operativo que se recuerde para mantenerlo lejos del reclamo popular; cuando la así llamada “megamentada”, que se redujo sólo a un gritito aislado en medio de sus ‘vivas’ laceró todo el aparato de protección y rebasó las 200 mil visitas en youtube; cuando en la red social hubo más de un millón de mentadas al gobernador…
Cuando todo el repudio popular se hizo presente, el señor Javier Dagnino, titular de los servicios de inteligencia del gobierno del nuevo sonora, y además cuñado del gobernador, publicó en su cuenta de Twitter que la ‘megamentada’ ayudó mucho a fortalecer el posicionamiento de Guillermo Padrés.
Es el punto de no retorno. El ejército de cruzados del padrecismo no está dispuesto a ceder un milímetro a los infieles. Tienen todo en contra, están escondidos en sus búnker hostigados por el bombardeo de la opinión pública y sin embargo, se atrincheran en la veneración al líder que les dice que van bien, muy bien.

 

El asunto es más complejo. La burbuja en la que se refugian es cada vez más débil; cada vez más horadada por ese reclamo popular que exige el cumplimiento de aquello que se prometió como el paraíso de la alternancia, y que no ha dado para más, que para el enquistamiento de una nueva clase de caciques que por si fuera poco, ya dieron al traste incluso con los márgenes mínimos de gobernabilidad que había en los regímenes priistas.

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