Es hora ya de aplicar la fórmula mágica del secretario de Seguridad

Es hora ya de aplicar la fórmula mágica del secretario de Seguridad

Por Carlos Moncada Ochoa

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Escrito por Carlos Moncada Ochoa

Lunes 20 de Enero de 2014 13:06

Siete muertos en una balacera en las calles de Agua Prieta, más tres heridos. Eso, en 24 horas, no se cuenta muertos anteriores. En Guaymas, los sicarios entran al hospital a rematar a uno a quien habían herido antes. En Cajeme no para la violencia. Hermosillo no se queda atrás: ya hubo batalla a tiros en la calle. Hace tiempo Sonora tiene un municipio menos: Tubutama carece de autoridad policiaca y para allá va Altar, donde ha habido también varios asesinados recientes.
¿Qué hacer, aparte de rezar?
Las policías no funcionan y la presencia del Ejército no es suficiente. Pero el secretario de Seguridad Ernesto Munro tiene una especie de fórmula secreta que creo es hora de aplicar. Van los antecedentes.
En 2010, el secretario Munro fue invitado a comentar el libro “Génesis del homicida”, que presentaron en el auditorio de Musas las doctoras Sonia Sotomayor Peterson y Rosario Román. El ensayo de ésta se fundamentó en estadísticas, y el de aquélla consistió en entrevistas a feminicidas sentenciados en el Cereso local.
El secretario Munro comenzó por confesar que era la primera vez (y me parece que la única) que era invitado a comentar un libro, lo que se puso en evidencia, entre otros motivos, por lo muy largo de su exposición.
Como periodista, yo tenía la libreta lista para anotar las soluciones que propusiera porque con ellas trazaría, esperaba, las líneas estratégicas a desarrollar en su recién estrenado cargo.
Don Ernesto habló generalidades sobre la violencia y el crimen, y cuando sintió que el ambiente estaba preparado, anunció que había una fórmula que no se había ensayado y que a su juicio era la más eficaz. Todos aguardamos, expectantes, para captar el secreto… Él hizo calculado silencio, y luego, con bien modulada voz, disparó: “Esa fórmula… es el amor”.
Si hay un lector escéptico que crea que hubo risas en el recinto, está equivocado. Al contrario: un grupo de mujeres aplaudió con entusiasmo. Me volví a verlas. Casi todas eran damas ancianas o maduras, y en los ojos de varias asomaban las lágrimas de emoción.
¡El amor! ¿Cómo no se le ha ocurrido a la PGR atrae con amor al chapo Guzmán, que no ha sido localizado a pesar de la elevada recompensa que ofrecen las autoridades mexicanas y las gringas? ¿Y por qué los soldados comisionados en Michoacán no dejan sus rifles y entran a Apatzingán haciendo la V de “paz y amor” con ambas manos? ¡Los criminales les responderán con flores!
Naturalmente, hay que estudiar la forma de aplicar esta singular medida. Una podría ser, primero, localizar la guarida de los delincuentes y luego acercarse con las manos en alto, el gesto entre severo y amistoso, como el de San Francisco cuando conjuró al lobo fiero para que dejara de cenarse a los pastores.
No se sabe qué tan rápido actúa la fórmula del amor, pero es cuestión de ensayarla. Si es más veloz que la bala que dispare el sicario, ¡ya la hizo el secretario Munro!

 

Carlosomoncada@gmail.com

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