Experimentar el sonido

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Ciudad de México  (24 marzo 2013).-   En 2012, el guitarrista, improvisador e intérprete especializado en prácticas sonoras experimentales Fernando Vigueras (DF, 1981) estuvo involucrado en la organización de un ciclo de música improvisada en conjunto con Chris Cogburn, músico de Austin.

A manera de aperitivo, en esos conciertos proyectaban capítulos de una serie de la BBC sobre Derek Bailey basada en el libro Improvisation. It’s Nature and Practice on Music.

Fue una serie de cuatro conciertos que se convirtieron en todo un acontecimiento, porque confluyeron personalidades mexicanas, estadounidenses y europeas.

“Fue un momento muy particular para México en improvisación”, sostiene Vigueras.

Participaron Angélica Castelló, Dafne Vicente-Sandoval, Damon Smith, Sandy Ewen, Carmina Escobar y Andrea Neumann, entre otros músicos. Aquella serie de conciertos generó una resonancia importante tanto por el formato que se proponía como por la gente que participó. El ciclo se llamó Desbordamientos.

Este año, cuando Vigueras decidió crear una plataforma de difusión y documentación relacionada con las aproximaciones a la improvisación libre en México (con entrevistas, crónicas, reseñas de libros, discos o conciertos…), la bautizó así honrando aquel ciclo por el que, más tarde, recibiría una invitación para organizar un programa de música improvisada en IndexMUAC, el auditorio del Museo Universitario de Arte Contemporáneo.

El ciclo se llama Articulaciones del silencio, y con él pretende ofrecer un amplio espectro de música hecha dentro y fuera de México; se realiza en conjunto con el Centro Cultural de España (CCE).

“Tiene que ver con entender la escucha desde ese lugar que para mí es el origen de todo y el punto final de todo que es el silencio. ¿Cómo lo articulamos? ¿Qué entendemos como silencio? El ciclo ofrece diversas respuestas que ahondan en la idea de silencio. Es un título mitad metáfora, mitad realidad concreta”.

En febrero pasado se presentaron Indira Pensado y Juan Pablo Villa, dos artistas que han concentrado sus exploraciones musicales en la voz, incorporando técnicas y recursos vocales que escapan al imaginario convencional; este mes, Wade Matthews fue el encargado de mostrar sus experimentaciones electroacústicas.

En abril, David Dove, músico y director de la organización cultural Nameless Sound, se presentará por primera vez con su proyecto solista, que trabaja con el trombón y frecuencias graves e infragraves, muy influido por la escena de hip-hop desarrollada alrededor de la figura de DJ Screw, en Houston. Además de impartir talleres, hará una intervención en el CCE el 9 de abril y se presentará en IndexMUAC el 11.

Y, en mayo, será la saxofonista y percusionista Chefa Alonso quien se encargue de los talleres y conciertos de Articulaciones del silencio, además de presentarse como parte de El Nicho Aural. Ella forma parte de la escena madrileña de improvisadores, organiza el festival Hurta Cordel y es integrante de la asociación Musicalibre.

La guitarra, esa caja con cuerdas

Vigueras inició su formación como músico de manera autodidacta. Era adolescente cuando lo motiva la idea de una experiencia creativa desde el instrumento. Un disco esencial para él fue el Unplugged, de Eric Clapton.

“Tenía además una imagen de instrumentos acústicos desarrollando normalmente un discurso creado para instrumentos electrónicos”, cuenta.
Más tarde, a los 18, se encuentra con unos documentales de Derek Bailey que para él representaron el inicio de una odisea.

“Había una serie de referencias ahí de las que no tenía ni idea; para empezar, un viejito ahí tocando la guitarra de una forma que jamás había oído, un tipo de música extraña en ese momento para mí.

“Poco a poco me fui introduciendo en el terreno de la improvisación, siempre teniendo como referencia las investigaciones de Bailey”.

Y cuando alude a su formación académica como músico, menciona que siempre tuvo que ver con una búsqueda de la creatividad desde la improvisación.

“Era algo que no encontraba nunca estudiando guitarra clásica, que fue la carrera que hice en la Escuela Nacional de Música… Y todo comenzó a tener sentido cuando estudié a la par la licenciatura de jazz; en ese momento se abrió esa veta que estaba ahí latente”.

“Entre la Nacional y la Superior se abrió un universo bastante generoso. Por una parte, en la Escuela Superior de Música mi interés era aproximarme a una línea creativa desde la improvisación, apegada digamos al estilo del jazz, y ofrecía una serie de herramientas valiosas, poder hacer arreglos, por ejemplo, para instrumentos de alientos o para una big band. Y eso era algo totalmente ajeno a la formación que tenía en la Escuela Nacional de Música, que tenía que ver más con aspectos técnicos y cierto repertorio guitarrístico”.

En su formación como guitarrista, tomó talleres o cursos de improvisación con Remi Álvarez o Dimos Goudaroulis, y atestiguó cátedras de músicos de la escena contemporánea, como Stefano Scodanibbio o Magnus Andersson, entre otros músicos que acudían a las actividades coordinadas por Julio Estrada en la Escuela Nacional de Música.

“Entonces dije: ‘eso es lo que quiero’, esa diversidad de formas, estilos y aproximaciones a lo que uno entiende por música; no es sólo eso que se estudia desde una partitura, sino lo que le circunda, ese proceso.
“Estudié mucho a Gismonti, a Ralph Towner… Me alimentó mi formación como jazzista. Y de pronto me encontraba con que era demasiado clásico cuando estaba en jazz, y demasiado jazzista cuando estaba en lo clásico. Ni lo uno ni lo otro convergían del todo.

“Pero justo llegué a ese punto de encuentro que tiene el desarrollo técnico que propone la improvisación, con una forma nueva de releer el instrumento. La guitarra no tiene por qué tocarse siempre de la misma forma, y eso ocurría con ciertos compositores de música contemporánea”.

De hecho, si tuviéramos que describir una de las presentaciones de Fernando Vigueras como intérprete en una sola frase, tendría que ser como una exploración sobre la naturaleza de la guitarra y sobre lo que entendemos como ese instrumento.

Percute las cuerdas y la madera, frota la guitarra con todo tipo de objetos -incluido un ventilador de bolsillo- y la manipula de muy diversas formas.

“Me interesa despojarla de su historia, de su lectura convencional, es decir, dislocar un poco esa relación que se tiene con la imagen de la guitarra acústica”, explica.

“Creo mucho en las múltiples sonoridades y experiencias que pueden generarse a partir de ese instrumento, y la exploración va encaminada a ello; aludiría al instrumento como una caja con cuerdas.

“Cuál es la diferencia con el viento que sopla entre los cables, por qué no poder acercarme al instrumento de esa forma, con mecanismos que activen ese cuerpo sonoro. La guitarra deja de ser guitarra, o no, pero sí que se potencia su naturaleza sonora”.

Wade Matthews dice que la clave para disfrutar la libre improvisación no está en aprender a escucharla, sino en aprender a escuchar como escuchan los improvisadores. ¿Qué opinas?
Es complicado. Creo que se refiere sobre todo a los procesos y la forma en que puede contemplarse la improvisación libre o una composición. Justo a Wade le preguntaba hace poco: “¿se puede apreciar de la misma forma, hablando de resultado sonoro, una composición que una improvisación?”. Y decía: “Claro que se puede, y se puede parecer una a la otra, pero el chiste no es que se parezcan, sino cómo escuchamos y cómo apreciamos cada una”. Difiere mucho el proceso de la improvisación, en tanto que ocurre bajo una serie de circunstancias y condiciones específicas que regulan ese flujo sonoro.

Una composición que se ha pensado ya, calculadamente, y se advierte idónea para ciertos espacios, será una experiencia distinta. Además, está esa especie de sinergia que se establece con el público en la improvisación. Si uno es parte de la audiencia, lo que está experimentando ahí es un proceso común quizás al del improvisador, también está creando su propia idea de esa experiencia, y le corresponderá enfrentar ese proceso desde sus propios recursos perceptivos e imaginativos. Probablemente se acerque el proceso del improvisador al proceso del escucha.

Para acercarse a la libre improvisación
“En principio, se puede empezar por ser más atento a lo que ocurre en el entorno”, sostiene Fernando Vigueras.

Confiesa que le ha parecido peculiar la suerte de proliferación de conciertos de música improvisada y expermiental.

Entre los sitios y actividades que sugiere para atestiguar sesiones de libre improvisación, menciona un ciclo de conciertos que ahora está en pausa, pero que ha sido un referente constante desde hace un par de años: Volta, coordinado por Juanjosé Rivas, que solía ocurrir en el Museo Británico Americano, pero que al parecer cambiará de sede.

En la Unidad de Vinculación Artística del Centro Cultural Tlatelolco, Vigueras imparte talleres de improvisación libre y experimentación sonora, y de cuando en cuando hay sesiones abiertas al público con músicos extranjeros invitados.

“Otro referente importante, si no es que esencial, es Jazzorca”, asegura Vigueras. “Es el semillero de muchas generaciones de improvisadores; tiene una actividad bastante intensa e interesante.

“El trabajo de Germán Bringas me parece esencial en el desarrollo de la música improvisada en México”.

Otro foro es Aural, que forma parte del Festival de México, orienta su programación a la música experimental y sucederá en mayo.

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