Jamás debemos acostumbrarnos al mal: Papa Francisco

Jamás debemos acostumbrarnos al mal: Papa Francisco

El Papa Francisco pidió hoy a los católicos jamás acostumbrarse al mal ni creer en las palabras del diablo, cuyo objetivo es convencerles que nada pue...

Presentan posicionamientos por Día Internacional del Socorrista y muerte de líder social
Agua de Hermosillo se reunió con Mesa Temática de Agua para informar sobre sequía
Aprueba Comisión exhorto a las autoridades estatal y federal en materia de educación

papa-francisco-i-619x348

El Papa Francisco pidió hoy a los católicos jamás acostumbrarse al mal ni creer en las palabras del diablo, cuyo objetivo es convencerles que nada pueden hacer contra la violencia, la corrupción, la injusticia y sus propios pecados.
El pontífice hizo estas reflexiones durante la homilía de la misa por la festividad del “Domingo de Ramos”, que presidió ante más de 100 mil personas congregadas en la Plaza de San Pedro del Vaticano.
En su discurso, aseguró que para Jesús no cuenta el poder terrenal porque el suyo es el poder de Dios, que afronta al mal del mundo y al pecado que desfigura el rostro del hombre.
“Jesús toma sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, también el nuestro, y lo lava, lo lava con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios. Miremos a nuestro alrededor: cuántas heridas inflige el mal a la humanidad!”, indicó.

 

Crímenes contra la vida
“Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, de poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación.
El líder católico estableció que con Cristo y con el bien se puede vencer el mal que hay en el mundo, aunque los hombres se sientan débiles, inadecuados e incapaces.
Recordó que el Domingo de Ramos evoca el ingreso de Jesús en Jerusalén, aclamado por una multitud que lo aclama como un rey y a la cual él no se opone ni la hace callar. Empero aclaró que ese rey es humilde, no tiene una corte que lo sigue ni está rodeado por un ejército, símbolo de fuerza.
Precisó que Jesucristo no entró en la ciudad santa para recibir los honores reservados a los reyes de la tierra, a quien tiene poder, a quien domina.
El ingresó allí para ser azotado, insultado y ultrajado entra para recibir una corona de espinas, una caña, un manto de púrpura: su realeza será objeto de burla; entró para subir al Calvario cargando un madero, apuntó.
“Y es precisamente aquí donde resplandece su ser rey según Dios: su trono regio es el madero de la cruz. Recordemos la elección del rey David: Dios no elige al más fuerte, al más valiente; elige al último, al más joven, uno con el que nadie había contado”, ponderó.

 

A los ojos del mundo
En otro pasaje de su sermón, el Papa Francisco destacó el clima de alegría y fiesta en torno al ingreso en Jerusalén de Jesús, quien despertó tantas esperanzas, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo.
Esto porque Jesús supo comprender las miserias humanas, mostró el rostro de la misericordia de Dios, se inclinó para curar el cuerpo y el alma.
Solicitó nunca convertirse en hombres o mujeres tristes, ya que el cristiano jamás puede serlo, insistió en solicitar nunca dejarse vencer por el desánimo ya que la alegría de los creyentes no es algo que nace de tener tantas cosas sino de haber encontrado a una persona, Jesús.
“Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro. Llevemos a todos la alegría de la fe”, sentenció.

COMMENTS

WORDPRESS: 0
DISQUS: 0