Puro teatro

Puro teatro

Por Arturo Soto Munguia (ElZancudo.com.mx)

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Arturo Soto Munguia / 2013-11-08
Termino tarde esta columna porque anoche asistimos a la puesta en escena de “Ni princesas ni esclavas”, teatro-cabaret que es un agasajo de risas y carcajadas catárticas entre un público mayoritariamente femenino que termina siendo uno solo con el elenco, encantador por donde quiera que se le mire.

La crítica seria se la dejo a los eruditos y a los serios, que generalmente son menos críticos que serios o viceversa, no sé.

Baste apuntar aquí que en un acogedor lugar de este Hermosillo que no acaba de definirse entre lo bronco y lo culto hay un pequeño espacio llamado “Voces” donde se está presentando una obra a la que han definido como un espectáculo cómico-cínico-cáustico-fársico protagonizado por tres mujeres.

El ama de casa maltratada y abandonada por el burócrata de su marido al que le aguantó todos sus abusos y precariedades, hasta que éste se encontró con una ‘nueva señora’ más joven y más guapa.

Una prostituta que termina siendo diputada, y asegura que no encuentra diferencia entre su anterior y su actual trabajo.

Y una intelectual, políglota, con maestría en Harvard, que termina como amante de un ex gobernador, después de lidiar con la mediocridad de mil estereotipos de hombre, todos cruzados por el denominador común de no soportar el éxito de una mujer.

Mejor ni se las platico. Vayan a ese lugar, diviértanse a lo grande y quédense con lo que quieran quedarse de lo que allí se plantea. Se van a divertir de lo lindo, porque el teatro es como un espejo. Dicen.

II

“El príncipe y el príncipe” es una obra de teatro basada en un cuento holandés titulado “Rey y rey”, apta para mayores de seis años y definida como una herramienta pedagógica recomendada internacionalmente en la enseñanza del respeto a la diversidad sexual.

A esta puesta en escena no asistí, aunque fui invitado como muchas otras personas, después de un pequeño escándalo propiciado por los espíritus pequeños que en este Hermosillo de sombreros y botas picudas, eventualmente esconden las uñas de los pies pintadas de rosa.

Y es que hubo un problemilla con el tema, porque la puesta en escena de esta obra, ayer al mediodía y ante un público compuesto por invitados especiales que harían las veces de tribunal de alzada, comité censor, quemadores de brujas o vigilantes perpetuos de braguetas ajenas, salió contraproducente.

Como suele ocurrir cuando los censores hacen su trabajo inspirados en sus propios miedos, lo que sucede es que inmediatamente aquello que censuran se convierte en el objeto del deseo de todo mundo.

Ya para censurarlo, ya para validarlo, ya para no quedar al margen del objeto de la polémica.

No pude asistir a este espectáculo (conste, no defino así a la obra, sino al entorno de la misma), donde se dieron cita las buenas y las malas conciencias del Sonora que debate su existencia entre la misa de siete y la imposibilidad legal de evitar la exhumación del cadáver de una mujer para determinar si se trató de un suicidio o de un asesinato.

Del Sonora misógino donde la aprobación de una ley que castigue con severidad la violencia contra las mujeres sigue siendo un teatro donde indistintamente, la tragedia va hacia la comedia y viceversa.

III

Ayer, por ejemplo, cuando en el solemne y republicano; serio, grave espacio donde se debaten y se deciden las normas que reglamentan la vida en sociedad, se trataba de sesionar para votar la ley que tipifique el feminicidio como delito, la teatralidad suplió a la institucionalidad.

El presidente del Congreso, el priista Vicente Terán Uribe, el más faltista de los diputados en esta legislatura, decidió pasar lista para verificar el cuórum, siete minutos después de las 10 AM, hora en que estaba citada la sesión.

Por supuesto, no lo había. Nunca lo ha habido. Jamás, que se recuerde, las sesiones del pleno comienzan a la hora citada.

Sin embargo, en un arranque de súbita puntualidad, “El Mijito”, como también se le conoce al ex alcalde de Agua Prieta y ex diputado local por segunda vez ordenó el pase de lista, verificó la falta de cuórum y clausuró la sesión porque sólo había 11 diputados en el salón de plenos.

Eso sorprendió a propios y a extraños, desde luego. Pero ya no había nada más qué hacer. La sesión no pudo reanudarse porque fue clausurada; no se puede citar a extraordinaria el mismo día porque hay tecnicismos legales que lo impiden y todo mundo en el salón de plenos hacía su mejor esfuerzo por convencer al público, teatralmente, de que no se explicaban lo que estaba pasando.

Javier Neblina, el coordinador de los diputados del PAN, por ejemplo, salió a comparecer a los medios con cara de muy molesto. Llamó irresponsable, berrinchudo y caprichoso al “Mijito”. Samuel Moreno, su homólogo del PRI, apareció para decir que nada se podía hacer y que la votación sobre el feminicidio se posponía hasta el próximo martes.

Todos lamentando el episodio; todos lamentando tan grave situación. Todos con cara de circunstancia.

En los hechos, lo que ocurrió fue que se pospuso la votación sobre un tema importante para la sociedad sonorense, y las activistas de género, las feministas, las y los interesados en el tema, también llegaban con cara de ¿what? a preguntar lo que había pasado.

¿“El Mijito” actuó solo, o se trató de una acción concertada?

¿Los reclamos de una bancada a otra son realmente reclamos, o sólo se trata de otra puesta en escena que va de lo cómico a lo trágico, pasando por lo cáustico y lo fársico?

Tengo mis propias conclusiones. Me quedo con las risas y carcajadas de anoche en el bar, en el teatro, donde todo lo que parece, es…

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