Sonora, primer lugar en honestidad

Sonora, primer lugar en honestidad

Por Arturo Soto Munguia (ElZancudo.com.mx)

Piden legisladores fortalecer estrategias contra el Covid-19 para proteger la salud
Reciben ratificación de denuncia contra funcionarios de Cananea y dictaminan diversos asuntos
Propone Alcalá implementar programa de apoyo integral a pequeñas y medianas empresas

zancudo

Arturo Soto Munguia / 2013-11-04

Bueno, pues aquí estamos de regreso después de cuatro días de zancudoaventuras por la capital del país, donde participamos en el II Encuentro Nacional organizado por la Casa de los Derechos de los Periodistas, el gobierno capitalino, la Comisión de Derechos Humanos del DF y la organización Freedom House.

 

Las experiencias fueron muy buenas y en otra entrega les haré llegar los resolutivos de este encuentro donde se expuso, se discutió y se trabajaron temas relacionados con el ejercicio de la profesión en este país, donde el periodismo es, lamentablemente, considerado uno de los oficios de alto riesgo.

 

Notable, y eso sí debo destacar, la intención de los asistentes por avanzar en la profesionalización, en la protección y sobre todo, en la organización de quienes nos dedicamos a este trabajo; notables también los testimonios de colegas desplazados en territorios tan inseguros como Tamaulipas, Veracruz, Michoacán y Guerrero, donde la violencia del crimen organizado no tiene control ni freno.

 

Aun así, una de las conclusiones, a partir de todo lo allí expuesto, fue que los principales y más recurrentes casos de represión, agresiones, ataques, persecución y hostigamiento contra periodistas en México, siguen teniendo como origen a funcionarios públicos de los tres niveles de gobierno.

 

Una realidad lamentable en un contexto donde los periodistas seguimos siendo uno de los gremios más desorganizados y por lo tanto, vulnerables; por eso me quedo con unas palabras de Carmen Aristegui, invitada como ponente a este encuentro, en el sentido de que el celo profesional, la natural vocación por conseguir las mejores notas, las exclusivas, la información más importante, no es sólo necesaria, sino deseable, pero eso no debe determinar la falta de solidaridad del gremio.

 

Cuatro días anduve en el Distrito Federal, a quienes algunos llaman la capital mundial de la inseguridad pública. Recorrimos sus calles, avenidas, museos y tugurios a cualquier hora del día y de la noche. Aprendimos y nos divertimos. Conocimos nuevos amigos, refrendamos otras amistades y fraternidades. Todo en orden y en paz, incluyendo la historia de cómo nos rescató Batman en un elevador atorado de un edificio de departamentos, aunque eso da para otra historia.

 

Volvimos con bien a Hermosillo, a quien otros han llamado la capital nacional de la legalidad, ubicada en lo que también han dado en llamar el estado fronterizo más seguro de la República. Pues aquí mismo retomé los recorridos vespertinos en la bicicleta; de regreso a casa llegué al Oxxo de Solidaridad y Agua Caliente a comprar agua. Me descuidé dos segundos. Llegó un joven de aspecto cholo, flaco, alto, short a cuadros, camiseta azul, gorra, se trepó en ella y se la llevó.

 

Lo perseguí a fuerza de carrera -dirían los colegas de la policiaca-, pero mi baika, a diferencia de mí, está en perfectas condiciones, por lo que no pude alcanzarlo. Se perdió en la noche del norponiente hermosillense.

 

¿Alguna patrulla? Ni pensarlo. Pero eso no es lo peor. Al tipo lo tuve a menos de 20 metros para alcanzarlo antes de que comenzara a imprimir mayor velocidad; había gente en la calle y en las aceras; había automovilistas ahí. A unos de ellos les pedí el favor de que me ayudara a alcanzarlo.

 

Eran dos hombres en un pick up. No quisieron hacerlo. La desconfianza reina en Hermosillo, incluso de ciudadano a ciudadano. Y no es para menos. La posibilidad de que alguien te pueda chingar en tu vida o en tu patrimonio, está presente en cada segundo.

 

De regreso a casa, a pie, iba recordando lo que platicaba con algunos colegas en la Ciudad de México a propósito de esa insistencia en afianzar como prototipo del ser sonorense, a gente honesta, franca, valiente y no sé cuántas cosas más.

 

Puro pedo. Este pueblo está lleno de ladrones y gandallas; mentirosos y ladinos, aprovechados y culeros.

 

Cierto, no todos son así, pero reto a los lectores de esta columna a que me digan si en sus propias vidas cotidianas no han tenido un incidente de esta naturaleza, en el que hayan sido víctimas de un atraco de cualquier índole, por sus propios coterráneos.

 

Y lo que pasa en la vida cotidiana; en el devenir diario de los ciudadanos más comunes que corrientes, de alguna manera es reflejo de lo que ocurre en la clase gobernante, donde lo que rifa también es el engaño, la corrupción, el agandalle, los golpes bajos.

 

Y si no lo creen, no vayan muy lejos. Basta ver la campaña negra que se ha desatado desde el gobierno estatal de Sonora, para golpear y desacreditar al principal puntero en la sucesión gubernamental, Ernesto Gándara, utilizando toda suerte de malas artes, incluyendo la invención de membretes empresariales (cada vez más diezmados, hay que decirlo), para lanzar denuestos pagados.

 

Que con su PAN se lo coman. A esa campaña de denuestos el senador Ernesto Gándara respondió de manera muy puntual ayer, de la siguiente manera:

 

“Es evidente que es una estrategia electorera, oportunista; es una estrategia baja, mezquina y frívola, que espero que aclare el Gobierno del Estado y desde luego el Partido Acción Nacional; andan inventando membretes para andar haciendo este tipo de campañas, ya nos la sabemos, la gente sabe, la gente no es tonta, creen que la gente es tonta, la gente es inteligente. Y en ese sentido, estas y otras campañas negras, no será la primera, las podemos soportar, las podemos dejar pasar, y seguir cumpliendo con nuestra responsabilidad, cosa que no hacen pues los que están manejando este tipo de campañas negras”.

 

En fin. Son cosas que pasan y con las que debemos aprender a lidiar. Mala onda, pero así están las cosas en Sonora, donde si te descuidas un momentito, te chingan sin remedio, impunemente. Ni pex.

 

 

COMMENTS

WORDPRESS: 0
DISQUS: 0